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21 Enero 2011
Por Román Villalba
La alcaldesa de Valdemorillo ha decidido esta legislatura experimentar con la Policía. Tratándose las BESCAM de un cuerpo tan novedoso, nada mejor que probar sus límites y, en concreto, si en un cuerpo jerarquizado un desastre organizativo monumental tiene repercusión en la vida del ciudadano de a pie.
Debido a la penosa enfermedad del primer concejal responsable de Seguridad, el fallecido Rogelio Baón no pudo ejercer de hecho. Fue entonces cuando Pilar López Partida experimentó qué es lo que ocurre cuando 22 nuevos agentes recién salidos de la Academia son instruidos por un solo cabo y un buen numero de veteranos, alguno de ellos con muy malas costumbres adquiridas. Fue jauja para los nuevos, sin responsable político al mando durante casi un año; aquello era un chollo: tres días trabajados, seis librados. El sueño de cualquier trabajador avalado por un acuerdo que algunos hoy día califican como irregular.
A la desaparición de Baón probó contraponer un responsable político de primer orden y máxima experiencia con la edil más inexperta, Maite Hernández. El ensayo aún continúa. Cuando hace casi tres años el cabo jefe fue pillado en falta por el uso indebido de la tarjeta BESCAM -algún día se sabrá dónde fue a parar la mayor parte de esa gasolina malversada- y el responsable de la Policía tomó una baja médica por más de un año, la regidora decidió experimentar lo que supone tener un cuerpo jerarquizado sin mando real durante 15 meses.
Aún no se había estirado suficiente el chicle de la suerte y, tras varios capotazos plenarios con los que López Partida sintió el puro placer de vacilar a la oposición, nombró cabos “a dedo” a los dos agentes posiblemente más controvertidos de la plantilla. Buen intento de cargarse la Policía. No fue suficiente y, como todo parecía tranquilo, en una decisión administrativa sin precedente desautorizó este verano a la edil de seguridad pasando los trastos del cuadrante al único concejal del PP que atiende las concejalías telefónicamente. Ambos han compatibilizado y superpuesto funciones y sonoras broncas estos últimos seis meses.
Esta última decisión, o el amontonamiento y conjunción de todas ellas, ha puesto a la Policía en el más absoluto caos. Mandos que no mandan ni hacen caso a la concejala, agentes que pasan de sus mandos, concejala que no hace caso a la alcaldesa, concejal que atiende los cuadrantes por teléfono, los dos concejales que se puentean y la alcaldesa de reina apagafuegos con toda la cadena de mando hecha picadillo. Debe ser que las pintadas y los libelos no han sido suficientes y, en una vuelta de tuerca más, López Partida ha decidido conceder a los “revoltosos” la autogestión del servicio, no sin antes mentir al pleno diciendo que el acuerdo fue antes de las pintadas y no después, como así ha sido.
Comentarios (3)
Fuera de servicio
La Comunidad de Madrid no puede echar ya a la tía esta.
Pero como es posible que se llegue a una situación así, y no pase nada.
Lo que hace la imaginación, con tal de no echar a quién hay que echar, y poner a quién hay que poner.
Hasta este punto llegamos. ¿Que está pasando?
Ya no se pue alucinar mas
Ahora gestionan el cuadrante los propios agentes de policía.?
¿Y que hacen los mandos? Para que valen entonces? Y si no valen porque se les sigue manteniendo?
Es decir que si hoy un agente decide irse de vacaciones, es él mismo el que se autoriza a irse.
De verdad que no es broma lo que estamos leyendo?,
Esto no pasa ni en el pueblo más perdido del kurdistan.
Anda que la estas apañando bien Pilar.
Pero trae un sargento de una Santa vez, hombre…
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