|
26 Septiembre 2010
Este pasado martes 21 me desayuné en esta página, con una muy mala noticia: la apertura de un expediente disciplinario al Cabo Paulino. Pensé, España no se rompe, pero Valdemorillo sí. Pobre Rajoy, lo que él no consigue, lo logra la mini lideresa. Entre ésta y la lideresa Esperanza, se cargan al lidereso. Le están haciendo casi todo el trabajo a ZP con tanto destrozo.
La ruptura de la disciplina de voto es un desafio a la infalibilidad de la mini lideresa local En primer lugar, el expediente se abre por la ruptura de la disciplina de voto de dos concejales del PP, que votaron con la oposición. No veo bien este incumplimiento en el PP. Siempre he sostenido que la infalibilidad municipal de la mini lideresa constituye un dogma según el cuál, la primera edil está preservada de cometer un error cuando promulga o declara al municipio de Valdemorillo. Sus edictos y palabras son una enseñanza dogmática en temas de urbanismo, sanidad, salud, seguridad ciudadana, cultura, deporte. Bajo su verbo, todo queda bajo el rango de solemne definición municipal o declaración ex cathedra. Toda verdad de fe de la mini lideresa no se presta a discusión de ninguna índole dentro del PP cogocho. Arrepentíos concejales díscolos o seréis expulsados del paraíso pepero.
El cabo se gusta en público
En segundo lugar, al cabo Paulino le abren expediente por la degradación en que se encuentra el cuerpo de policía municipal, dicen que por culpa de su actitud. El susodicho fue condenado en su día por la utilización de la tarjeta BESCAM, por suministrar combustible a su vehículo privado. Y digo bien, fue condenado. A pesar de ello, se pasea por el pueblo embutido en su uniforme, con aspecto de hombre duro, sin sentir la menor vergüenza por su pecadillo de juventud. Se muestra autoritario y contundente con los vecinos de Valdemorillo. Se gusta en público. Se merece “todo nuestro respeto”. En estos tiempos de pusilánimes que se escandalizan por alguna pequeña desviación de efectivo como en el caso Gürtel, o por no ser políticamente correctos, es hermoso ver a un cabo heroico que muere de pie, que no pide perdón por su pasado, que si te descuidas te puede dar dos hostias.
“…Se acercó a un músico con rastas, perilla y pantalones vaqueros rotos. Claramente éste no era una persona de bien, ni de orden, ni mucho menos de fiar…”
No le conocía físicamente o al menos no lo recordaba, aunque llevo viviendo muchos años aquí. El pasado viernes día 3, hubo un concierto en la Plaza del Ayuntamiento. A la finalización del mismo, pasados quince minutos de las doce de la noche, el grupo bajó del escenario. El encargado del sonido, un profesional contratado expresamente para el evento, dejo puesta una música de acompañamiento. Se ausentó unos minutos de la mesa de mezclas. En esos momentos apareció una pareja de policías, uno de ellos bajito, cuadrado, con cara de “toi fadaooo”. Era él. Se acercó a un músico con rastas, perilla y pantalones vaqueros rotos. Claramente no era una persona de bien, ni de orden, mucho menos de fiar. Por esto debió ser que le instó de forma firme y decidida a apagar la música pues no eran horas de hacer ese ruido. El músico se lo debió de pensar. El concierto había sido un éxito, había disfrutado y no merecía la pena que aquel “tipo duro” le amargase la noche. Le miró y decidió hacerle el favor. Se acercó a la mesa y cerró el volumen.
Yo estaba al inicio de la calle de La Fuente, observaba la escena y me iba calentando por momentos. No oía el diálogo, solo veía el lenguaje corporal. Pregunte quién era el personaje, me informaron y por suerte me consiguieron calmar. La noche discurrió tranquila y no amargué el final de fiesta a los músicos. No se puede acercar uno de la forma tan provocativa como lo hizo el cabo No se puede acercar uno de la forma tan provocativa como lo hizo el cabo. A nadie, pero menos aún al músico, que no era el responsable de apagar el sonido. Le hizo un favor y al cabo jefe, como a muchos políticos, policías, funcionarios en general, se le olvidó que es un servidor público. No somos nosotros los que estamos al servicio de él, de ellos, sino al revés. Somos los ciudadanos los que pagamos su sueldo y sus gastos, que salen de nuestros impuestos, a menudo malgastados.
La mini lideresa no se puede ir de rositas
Parece ser que hay tres grupúsculos dentro de la policía de Valdemorillo. No se entienden entre sí, tampoco lo intentan, tienen distintos intereses y funcionan a su aire. No hay una dirección ni del cabo jefe de puesto, ni de la concejalía, o ésta es boicoteada de continuo. No se olviden que el cabo Paulino es el “tonto útil” en esta historia. La máxima responsable y la que no se puede ir de rositas una vez más, es la mini lideresa. Señores de la oposición, se lo han servido en bandeja. Se lo dice un anti taurino “hasta el rabo todo es toro”.
ÚLTIMA HORA: el cabo enfermo El cabo jefe de puesto se nos ha vuelto a enfermar. Pobrecito. Me gustaría conocer a su médico (¡que facilidad tiene para dar baja médica!). Le tuvo que decir con voz suave y aterciopelada, “doctor, toi malitoooo”. ¿Quién le puede negar un favor al angelito?
| < Prev | Próximo > |
|---|





















