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14 Septiembre 2011
La naturaleza mineral de la Pedriza, léase cuarzos, feldespatos y micas, es materia ideal para que los elementos, o sea agua, nieve, hielo, sol y viento fragmenten, esculpan y pulan los afloramientos rocosos, creando formas más locas que el parte meteorológico de esta primavera.
Más que precisar, esta ruta apetece de una introducción geológica. Es tanta la sorpresa que provoca el lugar donde culmina, que ni las más doctas explicaciones sobre la formación del planeta logran rompen el hechizo de tan singular arquitectura.

- Riscos del pajaro y el platillo volante -
| FICHA TÉCNICA |
| Distancia total: 9 km. |
| Duración: Entre 1 y 1:30 horas de subida, algo menos para la bajada |
| Tipo de marcha: Ruta lineal. Regreso por el mismo camino que la ida. |
| Desnivel: 600 metros |
| Bicicleta de montaña: no apta |
| Dificultad: Media con desnivel importante. En la parte final el camino no está demasiado marcado |
| Tipo de camino: pista, campiña y camino carretero. |
| Época recomendada: Evitar con lluvia o tiempo inestable. Llevar agua y emprender la excursión temprano |
La naturaleza mineral de la Pedriza, léase cuarzos, feldespatos y micas, es materia ideal para que los elementos, o sea agua, nieve, hielo, sol y viento fragmenten, esculpan y pulan los afloramientos rocosos, creando formas más locas que el parte meteorológico de esta primavera. Por sus características químicas, el roquedo estructura en ruinas de líneas rectas que tienen prohibido la menor curva, ni espelunca. Como todo hay excepciones. Y aquí abundan: el Yelmo de Mambrino, las cuevas de la Mora y el Ave María y el Puente de los Pollos son los campeones entre la sobresaliente densidad de ruinas geológicas que acumula este territorio serrano. Ojo gigante de hechuras cúbicas es el Puente de los Pollos una tremenda oquedad abierta en el remoto corazón del Circo de la Pedriza posterior. Un vano de más de 15 metros de altura y 40 en su anchura más prolongada que antes que a su fabuloso pasado telúrico, nos envía directamente a gestas de los titanes que aseguran las leyendas crearon estos andurriales.
Para alcanzar este tesoro hecho roca, echarse a andar desde Canto Cochino y descender hasta el puente de madera que cruza el Manzanares, situado al final del aparcamiento. En el otro lado se alza la Casa de los Oficios, que debe bordearse por la izquierda para continuar por el camino marcado con señales blancas y amarillas, que rumbo norte deja atrás el cercado de la casa y discurre en compañía del arroyo de la Dehesilla. Ancho y cómodo, empedrado en algunos tramos y tutelado por las señales es más que difícil extraviarlo. Así que transcurridos unos 20 minutos se alcanza una bifurcación, junto a un regato. A la derecha se va al refugio de la Pedriza, Llano Peluca, el Tolmo, el collado de la Dehesilla y todo eso. Nosotros seguimos rumbo norte, afrontando un fuerte repecho de suelo descarnado. Entre bloques de granito y el límite del bosque se alcanza una zona más llana desde donde se contempla a placer los riscos de El Pájaro y El Platillo Volante. A pesar de las inconfundibles formas de ambos, todavía hay quien no les encuentra parecido. Con fijarse y tener unos gramos de imaginación basta. No tarda el camino en embocarse en el fondo de la depresión abierta por el arroyo del risco de los Pollos, en cuya cercanía discurre un tramo donde abundan los saltos de agua. Sin cruzarlo, continuar hasta que se separa del regato y empieza una áspera subida entre una cerrada vegetación. En este tramo hay que seguir el camino más importante, señalizado con hitos, despreciando los diferentes ramales que se abren a ambas manos. Se alcanza de esta manera la meseta de los Llanillos, ya dentro del Circo de la Pedriza. Enseguida se alcanza con un inconfundible cruce de dos caminos que forma un perfecto ángulo recto, con un hito en cada una de sus esquinas. Son los Cuatro Caminos. Tomar la opción de la izquierda, dirección Oeste. El camino sube al principio ligeramente por el interior de un densísimo pinar, completamente abandonado por las autoridades del parque regional. A los diez minutos se alcanza una bifurcación a mano derecha, no tomarla y continuar con el mismo rumbo otros cinco minutos más, hasta un segundo ramal, también a la derecha, Norte, señalizado con un hito de piedras. Seguir por el mismo a través de un terreno confuso donde conviene prestar la máxima atención a los hitos y señales blancas y amarillas que se esparcen en este tramo de unos 300 metros aproximados de longitud. Poco a poco deja atrás el bosque y se encarama en los amontonamientos de la roca, a través de los puntos más accesibles. Sin darse cuenta apenas, se alcanza una terraza desde donde ya se vislumbra el puente. Cinco minutos después ya se descansa a su sombra.
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