|
14 Septiembre 2011
En pleno corazón del valle del Alberche, en un lugar de nuestra sistema central entre Gredos y Guadarrama, se crían desde hace más de 800 años las encinas más longevas de Europa. Auténticas catedrales vegetales cuyos troncos superan los 4 metros de perímetro.

En pleno corazón del valle del Alberche, en un lugar perdido de nuestro sistema Central, entre las sierras de Gredos y Guadarrama, se crían desde hace más de 800 años las encinas más longevas de Europa. Auténticas catedrales vegetales cuyos troncos superan los 4 metros de perímetro y que han visto pasar ante ellas a más de 200 generaciones. Son encinas seleccionadas en base a su fruto: la bellota dulce.
En este laboratorio de la vida aún se puede entender la supremacía de la naturaleza sobre el hombre y extrañamente, en armonía con éste...
No se tiene constancia de nada parecido en la península Ibércia, alrededor de dos millares de árboles singulares y centenarios algunas decenas se aproximan a los 800 años y cientos superan los 500. "¡Cuánta gente participó en este bosque y de qué manera!. Aún me estremezco pensando en el inmemorial saber rural que atesora el lugar. Me preocupa saber qué ha sucedido desde que estos árboles nacieron hasta llegar a las descomunales encinas de hoy. Son seres que han contemplando un milenio de historia ligada al beneficio del hombre".- reflexiona emocionado Juan Luis Reguilón, experto naturalista y redescubridor de este tesoro vegetal.
Las encinas se encuentran en una dehesa particular que pasó por varias manos a lo largo de la historia. Los árboles se sitúan desde los 900 a los 1.300 metros de altitud sobre el nivel del mar, en una extensión de 600 Has. Todo apunta a que este bosque no es sólo una obra exclusiva de la naturaleza. Este milagro de la vida parece que fraguó con los cuidados de generaciones que supieron optimizar al máximo los recursos con los que contaban.
Reverdece un profuso encinar de carrascas (Quercus rotundifolia) bajo algunos árboles, producto del abandono de los cultivos en esta dehesa en la década de los 40. Aún así, el actual propietario del fundo mantiene varias plantaciones de secano sobre extensas praderas. Seguramente como complemento a la dieta del ganado vacuno avileño que pace en este lugar y que sin duda, de alguna forma, ha contribuido a la conservación de uno de los mejores exponentes de bosque mediterráneo que existen en el mundo.
En este lugar la historia de la Humanidad ha dejado su huella sobre distintas cronologías. Muestras constatadas de asentamientos Vetones, Celtíberos, Árabes y Romanos han sido recogidas en las pesquisas del naturalista Reguilón. Construcciones diseminadas por todo el valle y que pudieron cumplir una función protectora contra los predadores de cabras y ovejas. Las crías eran introducidas en pequeñas chozas levantadas en piedra y que se cubrían con una gran losa a modo de tejado. Aún se pueden ver mimetizadas con el paisaje. En el valle del Alberche no se tenían referencias de poblados Vetones o Celtas, aunque los restos de berracos son frecuentes, siendo el más famoso el de los Toros de Guisando, en Arenas de San Pedro, o los restos de El Barraco.
Se cuenta que un árabe se enamoro del valle en plena conquista y le puso por nombre "valle de los árboles ancianos" (Gaba Kadima). Fundó su pueblo entre los singulares vegetales y quiso que permaneciera siempre igual, en gratitud por haberle escondido en una refriega contra los cristianos en esa tierra de nadie que era el valle del Alberche.
En dicha contienda murió su primogénito Abdul, quién fue enterrado en el centenario valle. También sabemos que Rodrigo Alfonso, a la sazón montero mayor de la reina Isabel la Católica en el año 1.475, recorrió estas encinas pudiéndolas contemplar probablemente de una forma muy similar a cómo las vemos en la actualidad. Son gotas de historia fundidas en la savia de esta espectacular fronda del centro de España.
Se cuenta que un árabe se enamoro del valle en plena conquista y le puso por nombre "valle de los árboles ancianos" (Gaba Kadima).
Sirva este documento para dar a conocer la importancia, el valor cultural y medioambiental que merece tan arcano bosque. Se deben solicitar las iniciativas y apoyos posibles que permitan conservar tan monumental despliegue vegetal. Un legado de biodiversidad cuyo valor ha pasado desapercibido hasta nuestros días y que en definitiva, es un tesoro que no hubiera llegado a nuestros días sin la acción protectora y benefactora del hombre. Hemos contraído pués, una deuda histórica con las generaciones que han hecho posible que podamos tomar tan insólitas instantáneas.
| < Prev | Próximo > |
|---|














